Querido Raúl:
Hoy, a cuatro años de tu partida de este mundo terrenal, no te recordamos con tristeza, sino con una emoción profunda que se mezcla entre el orgullo y la gratitud. Porque tu vida no fue solo la de un dirigente gremial ejemplar, fue la de un constructor de sueños colectivos, de esos que se tejen desde la esperanza, la convicción y la lucha por un país más justo desde el corazón del Poder Judicial.
Tu nombre está impreso en la historia viva de Anejud Chile. No como una anécdota del pasado, sino como la raíz firme que sostiene nuestro presente y orienta nuestro porvenir. Fuiste mucho más que nuestro presidente nacional: fuiste un referente ético, político y humano, que supo dignificar la defensa de los derechos de las y los trabajadores judiciales, con valentía, inteligencia y una profunda humanidad.
Nos enseñaste que la unidad no es una consigna vacía, sino una estrategia imprescindible para enfrentar la injusticia. Que el compromiso no se negocia y que la ética debe ser el centro de toda acción sindical. Que el compañerismo se cultiva en la escucha, en la solidaridad y en la acción concreta. Tu paso por esta vida fue, y sigue siendo, una escuela para quienes creemos en un sindicalismo con sentido social y transformador.
Hoy Anejud no sería lo que es sin ti. Tus palabras, tus gestos, tu presencia aún resuenan en nuestras convenciones, en nuestros consejos consultivos, en los Juegos Deportivos Nacionales, en la Confederación Latinoamericana de Trabajadores del Poder Judicial, en la Internacional de Servicios Públicos, en nuestras decisiones cotidianas. Cada vez que defendemos la carrera funcionaria, que luchamos por condiciones laborales más dignas, que alzamos la voz frente a los abusos, ahí estás tú, recordándonos que ser funcionario público y judicial es también un acto de amor por la democracia y el bien común.
Raúl, tu memoria no es solo un legado: es una responsabilidad. Es la promesa de seguir construyendo una Anejud más fuerte, más justa y más humana. De no claudicar frente a las adversidades, de sostener la dignidad como bandera.
Gracias por tanto. Por tu vida, por tu coherencia, por tu entrega generosa y por enseñarnos que el verdadero liderazgo es aquel que deja huella en el alma de su gente.
Hasta siempre, querido compañero. Aquí seguimos, con el corazón latiendo al ritmo de tus enseñanzas.
Directorio Nacional
Anejud Chile
