Un legado de unidad y visión gremial
Don Francisco, cariñosamente conocido como «Panchito», arribó a Concepción en 1964 desde Victoria para cursar Derecho en la Universidad de Concepción. Su carrera en el Poder Judicial comenzó desde la base, como oficial bibliotecario y de estadísticas, una experiencia que forjó su convicción inquebrantable: «Nunca se sintió un juez; siempre se sintió, ante todo, un funcionario judicial».
En 1968, en un Chile marcado por la polarización, su liderazgo nato y su oratoria envolvente fueron claves para unir a colegas de diversas tendencias. Fue él quien propuso el nombre de «Asociación», buscando un concepto despolitizado que garantizara la autonomía y la naturaleza única que hasta hoy define a ANEJUD.
Hitos de una trayectoria histórica
Bajo su impulso y el de figuras como Luis Cerda y Raúl Araya, la asociación tomó forma legal y estructural:
Fundación Formal: Fue protagonista de la Tercera Convención Anual en octubre de 1970 en Concepción, donde se aprobaron los primeros estatutos de la entidad.
Liderazgo Nacional: Ejerció como Presidente de la Regional Concepción y ocupó la primera y segunda Vicepresidencia Nacional en los años fundacionales.
Conquistas Sociales: Lideró huelgas históricas que resultaron en mejoras salariales críticas, el pago de quinquenios y la creación de la Escala Única de Remuneraciones.
Expansión Territorial: Con nostalgia recordaba sus viajes en tren y bus por el sur de Chile (desde Talca hasta Puerto Montt), organizando regionales «arropado solo con sueños y anhelos».
Integridad en tiempos difíciles
A pesar de enfrentar estigmatizaciones por su rol dirigencial durante el quiebre institucional de 1973, don Francisco mantuvo su hidalguía. Aunque tales prejuicios marcaron su carrera judicial, nunca claudicó en sus principios ni en su compromiso con sus pares, incluso cuando denunció con firmeza el cierre de la magistratura del trabajo y la cesantía de sus colegas.
Un último adiós
La Directiva Nacional de ANEJUD y sus asociados a lo largo del país expresan sus más sentidas condolencias a su familia, amigos y a la comunidad judicial de la Corte de Concepción. El ejemplo de don Francisco Cruz Monsalve permanecerá como la brújula moral de nuestra organización.
“Su sueldo de 11 escudos en los años 60 no compraba su voluntad, pero su voluntad compró el futuro y la dignidad de miles de funcionarios judiciales que hoy lloran su partida.»






